"Uno no se muere de golpe, se va muriendo de a poco con cada amigo que desaparece y así llega un momento en que de Pichuco ya no queda nada". Para Aníbal Carmelo Troilo -tal su nombre completo- la muerte coincidió con la fría noche del 18 de mayo de 1975, pero de Pichuco quedó casi todo: ya era una leyenda del bandoneón, del tango y de esa Buenos Aires que amó como pocos. Había nacido el 11 de julio de 1914, en una casa de la calle Cabrera entre Laprida y Anchorena, a pocas cuadras del Mercado de Abasto.
Su padre, un carnicero que murió cuando él tenía ocho años, le dejó por toda herencia su nombre y un apodo inmortal: Pichuco; su madre, Felisa Bagnolo, fue una "tana" luchadora que tras enviudar salió adelante sola con su hijo.
Tuvo también una hermana, a quien no llegó a conocer pues falleció a la edad de seis meses, poco antes del nacimiento de Aníbal.
Pichuco fue un pibe callejero, fanático de River, que jugaba de "centrojás" en un club de barrio y descubrió el bandoneón durante esas correrías infantiles, sonando en los rincones penumbrosos de los bares cercanos.
"El fueye me atraía tanto como una pelota de fútbol", dijo alguna vez, recordando al purrete que fue y a esos dos "juguetes" tan difíciles de gobernar sin talento.
Deslumbrado por el instrumento, soñaba despierto con poder tocarlo: quizás por eso jugaba a que su almohada era un fueye, cuando la ponía sobre sus rodillas.
A los diez años "la vieja" le regaló su primer bandoneón, comprado a plazos que nunca terminó de pagar porque a la cuarta cuota el vendedor desapareció y no se supo más de él.
Tras un "curso acelerado" de sólo seis meses, Pichuco continuó su formación musical por su cuenta y con apenas doce años debutó en público, en un festival realizado en el cine "Petit Colón".
A los trece se incorporó a una orquesta de señoritas que actuaba en el Café Ferraro, pero sólo duró dos semanas: lo había tentado Eduardo Farri para unirse a su conjunto, y Troilo cambió definitivamente el secundario por el tango y la noche.
Según afirmó más tarde, junto a Farri empezó a definir su identidad musical, y eso le dio la posibilidad de compartir escenario con varios de los mejores tangueros de la época como Alfredo Gobbi, Juan Carlos Pugliese, Elvino Vardaro y Ciriaco Ortiz entre otros.
Como bandoneonista Troilo cultivó un estilo delicado y elegante, sin grandes virtuosismos pero pleno de buen gusto; fue un melodista irrepetible cuya marca registrada estaba en los singulares fraseos y "rezongos" que le arrancaba al instrumento.
Años después, Homero Expósito escribiría la definición más perfecta de su arte en el tango "Ese muchacho Troilo": "(…) parece un corazón latiendo en las rodillas", dijo sobre su fueye.
En 1937 armó su propia orquesta y al año siguiente llegó al disco por primera vez: los tangos "Comme il faut" y "Tinta Verde" iniciaron su larga lista de grabaciones, que concluyó en 1971 con un total de 485 temas.
También por esos días conoció a Dudui Ida Calahi, ‘Zita’, una mujer de origen griego con quien se casó en 1938 y lo acompañó hasta el último de sus días.
La consolidación artística definitiva de Troilo llegó en los años ’40, época dorada del dos por cuatro: no sólo porque la gran demanda de actuaciones en locales bailables hizo de su orquesta un sinónimo de éxito, sino especialmente porque en ese entonces floreció la sociedad creativa con su amigo el poeta Homero Manzi.
Con "el barbeta", como lo llamaba Pichuco cariñosamente, escribieron varias de las páginas más inspiradas en la historia del género como "Sur" –uno de sus temas preferidos junto con "Responso", justamente en homenaje a Manzi-, "Barrio de tango", "Che Bandoneón" y "Discepolín".
Ya en los ’50, otro de los hitos de su carrera fue el dúo – pronto convertido en cuarteto- con el guitarrista Roberto Grela, que dejó un puñado de grabaciones antológicas. Apoyado en un oído finísimo y una intuición a toda prueba, en su faceta de director de orquesta Troilo supo siempre con qué músicos y cantores debía rodearse; y no en vano, cada uno de ellos rindió en su plenitud junto a él.
Basta mencionar que entre sus arregladores hubo artistas de la talla de Astor Piazzolla, Julián Plaza y Raúl Garello; y entre sus cantores descollaron voces como las de Francisco Fiorentino, Floreal Ruiz y Edmundo Rivero.
Para la década del ’60, el tango declinó en su popularidad y el Gordo lo sintió: sus problemas de salud se hicieron cada vez más frecuentes, potenciados por una afición al whisky que jamás pudo abandonar como sí hizo con el juego.
Ya era "el bandoneón mayor de Buenos Aires" -título otorgado por Julián Centeya en 1967-, pero el cuerpo empezaba a mostrarle su resentimiento por tantos años de bohemia y noctambulismo.
"Cuando la muerte venga la voy a recibir con los brazos abiertos, como siempre recibí a mis amigos", declaró resignado, cuando ya presentía el encuentro impostergable.
Días antes de reunirse con "la parca", en compañía de Horacio Ferrer compuso la última de sus 61 obras haciéndole un guiño al destino: dedicado "A Zita de Troilo", el tema se llamó "Tu penúltimo tango".
Para Pichuco no hubo acorde final, fue apenas una fuga.
Noticias Argentinas
11 de marzo de 1980: fallece Julio de Caro.
Director, compositor, arreglista y violinista. De Caro se convirtió en uno de los grandes intérpretes de la generación de 1910, pero a partir de 1923 creó un estilo original que lo convirtió en líder de su generación y modelo de las siguientes.
11 de marzo de 1921: nace Astor Piazzolla.
Compositor y bandoneonista. Piazzolla representa uno de los rarísimos casos en que un autor se desenvuelve de forma extraordinaria tanto en el mundo de la música popular, con sus tangos porteños, como en el de la música culta o clásica. Sus composiciones son ideales para los músicos clásicos que quieren llegar a más público sin hacer concesiones.
18 de febrero de 1918
Nace Mariano Mores. Músico, compositor y director. Mores es un inspirado compositor de verdaderos clásicos del tango, tanto por la calidad como por el éxito comercial de sus obras tales.
Roberto Goyeneche
“Siempre recuerdo lo que me dijo Aníbal Troilo Pichuco, uno de los músicos más importantes: «Hay que contarle al público, no cantarle, porque de cantar se encarga la orquesta»”
Aníbal Troilo
"De Buenos Aires tendría que decir muchas cosas... Que es mi vida, que es el tango, que es Gardel, que es la noche... Que es la mujer, el amigo... Tendría que decir muchas cosas y muchas no sabría cómo decirlas... Pero anote esto: agradezco haber nacido en Buenos Aires."
Carlos Gardel
"Yo me siento muy feliz y satisfecho con el homenaje del pueblo. Porque es mi pueblo. Es el pueblo que sufre y ríe conmigo, y que me aplaude. El pueblo que ha formado el pedestal de mi prestigio y mi gloria".

Félix Mendelssohn compuso esta obra entre el 8 de julio y el 6 de agosto de 1826. Se estrenó en Stettin, el 20 de febrero de 1827. La habilidad artística, la originalidad y la madurez que Mendelssohn exhibe en esta pieza temprana son sorprendentes. En ciertos sentidos, jamás sobrepasó lo logrado en su adolescencia. Sus últimas obras son a veces más cultas, sin embargo, su habilidad artística estaba completamente desarrollada a la edad de 17 años.
La introspección de "Eugenio Oneguin", la posible polémica de "Montezuma" y la contemporaneidad de "Ascenso y caída de la ciudad de Mahagonny", de la mano de la Fura dels Baus, abren en septiembre la nueva programación del Teatro Real de Madrid, con Gerard Mortier como director artístico. En la rueda de prensa de presentación de estos títulos, el director de escena de "Eugenio Oneguin", Dmitri Tcherniakov, ha destacado "la gran presión" que supuso montar una segunda producción de la ópera de Chaikovski sobre la novela de Pushkin, consideradas clásicos en Rusia, y recibida en su estreno en Moscú con división de opiniones, sobre todo por "la vieja guardia".